18 agosto 2012

.::A::.


Ese día, cuando desarmaste las palabras, se me vinieron las letras encima. Las E y O me volaban por arriba de la cabeza, la S se me quedo enroscada en el cuello y la A como un gran triangulo en medio de la frente.
Durante días quise volver a armarlas. Las ponía al derecho y al revés para ver de qué forma cobraban sentido.
La O me resonaba, cóncava, intensa. Sentía su vibración grave en los oídos y la garganta. La S estaba toda retorcida y no lograba desarmarla. Pero la A fue desde ese momento una incógnita. Se me había clavado en la frente y ya la tenía entre la carne y la piel. La llevaba pintada de bordo, con sus tres puntas, para todos lados. Me di cuenta cuando me miraban por la calle. Algunos, extrañados, no se animaban a acercarse, otros se me ponían en frente, cara a cara, con una sonrisa y se quedaban perplejos ante mi frente. Dicen que a través de ella veían una proyección, que se adentraban en un mundo de horizonte infinito. Yo iba llenándome de imágenes, historias, personajes y recuerdos.


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