16 marzo 2009

Danza con palomas

Al principio dan vueltas,
se miran, se rodean sin rozarse.
El palomón la persigue arrastrándole el ala,
levanta la cola y, con el pecho erguido,
demuestra altanería exhibiendo su plumaje.
Ella afila sus garras pero jamás las muestra.
Se separan.
De nuevo merodean, danza de ochos sin fin.
Casualmente alguno pierde el paso,
vuelven a unirse.
En ese momento ambos se inflan de emoción,
y comienzan a picotearse desaforadamente.
En el trajín caen de la baranda.
Dichosos tórtolos aún saben como hacer para volar.

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